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Carta despedida Jandro

10 octubre, 2017 • Noticias

Termino de corregir un examen de Lengua que tú preparaste, extraigo una foto tuya y me rio porque sé que tú lo harías de mis arcaicos métodos informáticos de rescatar una imagen. Estos días y en tu ausencia todo está lleno de ti. Digo esto porque tenías esa mágica habilidad de llenarlo todo con tu presencia: tu forma de mirar el mundo y a sus habitantes, el abrazo sincero, la risa por bandera, el humor como estandarte. Miro la 4ª planta del edificio de Primaria y te veo, te veo subir por el ascensor porque evitabas a toda costa subir las cuatro plantas. Te veo entre los compañeros llenando de vida el pasillo con esa mágica presencia que antes mencionaba. Miro por la ventanilla y te veo dando clase entusiasmado, proyectando esos vídeos que solo tú encontrabas y luego nos regalabas a alumnos y compañeros. Miro de nuevo la ventanilla, pero en esta ocasión desde dentro del aula y te veo en ella haciendo tonterías y poniendo caras. Porque siempre entendiste que la vida era el mejor lugar para reírse de todo, incluso de tu sombra. Veo en estos días de ausencia cómo tu huella ha dibujado letras, carteles, libros de oración. Te encuentro en los compañeros que en esta semana sin ti, te lloran, y en sus caras está el dolor por haberte perdido pero también la esperanza que tanto proclamaste en tu último año. Tan aferrado vivías a esta que hasta en tus últimos días seguías hablando de volver a tu cole.

Es curioso. Todas las imágenes que me vienen de ti son hermosamente cotidianas y todas tienen un halo confortable, una luz cálida, una belleza que para nada queda enturbiada por el final que nos ha dejado a todos, esto no te lo puedo negar, la tristeza de la pérdida del Amigo, del Compañero, del Referente. Imágenes cotidianas como verte sentando tras el ordenador absorto en dibujos o maquetaciones, sentado en la silla recostado con las manos detrás de la cabeza y esos silencios litúrgicos que imponías cuando se hablaba de cosas profundas, tu risa cuando jugábamos a decirte barbaridades o cuando te gustaba alguno de los chistes que te enseñaba, tu pasión cuando hablabas de dar Lengua, del marketing o de la Pastoral.

Quizá lo llenabas todo de tu presencia porque vivías con pasión, porque tenías esa envidiable capacidad de conectar con todo el mundo a pesar de ser una de esas personas que no deja indiferente a nadie. Tenías esa capacidad de ser comprensivo con todos, de ser compasivo con todos.

Qué privilegio haber sido tu Amigo, tu Compañero. En estos días hago repaso de todo lo que de ti he aprendido y solo puedo dar GRACIAS al Dios de la Vida por tanta vida derramada, por tanta vida en abundancia, hecha plena, dignificada y entregada.

Solo tú podías en el momento más triste, que es la última despedida ya en el funeral, hacerme reír. Sonaba la canción Buena Madre y me vino una imagen más: tú haciendo con la boca como una batería para “modernizar” la canción, siempre lo hacías. Lloraba por despedirte querido Amigo, pero hasta en ese momento me hiciste reír. Eso nos dejas a todos: lágrimas por la tristeza de perderte, pero una sonrisa perfilada en los labios, el placer de haberte tenido, el corazón cálido con tu nombre escrito dentro.

Leo Pérez.

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