Un soleado día de octubre comenzó nuestra gran aventura. Un avión de papel gigante nos conduciría a lo que han sido dos años llenos de experiencias. En la maleta metimos a nuestros familiares y amigos; en la de mano, alegrías e ilusiones que luchaban por escapar, emocionadas, ante el nuevo camino que emprendíamos. Nos presentaron a las “azafatas de vuelo”, nuestras catequistas: Ángela, Gloria, Lala, Lourdes, Mª del Mar, Sandra y Silvia.

Llenas de sorpresas nos acompañaron lunes tras lunes, llenando nuestro corazón de historias de Jesús y de sus amigos, y nos mostraron lo que es vivir como él quiere que vivamos.

Descubrimos que vivir a su estilo, significa querer al prójimo. Hemos aprendido a querernos y valorarnos. Las convivencias de los sábados fueron clave. Padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos, primos… ¡no faltaba nadie! El aula se nos quedaba pequeña y tuvimos que salir al patio a jugar, pintar… y a enseñarle a la gente que Jesús nos quiere tal y como somos, seamos como seamos.

Al igual que en aquella historia de Noé que alguna vez nos contaron, hay ocasiones en las que estalla la tormenta, complicándonos las cosas y haciendo que nuestro día a día, sea un poco más difícil. Pero siempre llega el momento en el que volvemos a percibir ese rayito de sol que se asoma tras las nubes, esta vez con formas de mascarilla, con distancias de seguridad, con gel…  

Y con mucha paciencia, y Fe, dejamos que esas nubes desaparezcan y se abran mostrando cielos más soleados que nunca. Por fin, recibimos por primera vez a Jesús, acompañados de nuestra más cercana familia y de aquellas personas que tanto nos quieren y han estado con nosotros estos dos años. Dos años que nunca olvidaremos.