Necesitamos creer. Cuando alguien importante en nuestras vidas se nos va, necesitamos creer, como dijo el poeta, que en nuestra alma se quedan impresas las huellas de quien se ha marchado. Es una idea hermosa que no debemos perder: nuestra vida se completa con las huellas de las personas a las que amamos. Necesitamos creerlo.

Querido Ignacio, y te aseguro que no es una mera fórmula de cortesía, te has marchado y nos hemos quedado sin el pequeño consuelo de despedirte como nos hubiera gustado. Nos faltó juntarnos, nos faltó el abrazo entrañable y sentido a toda tu familia, se nos quedó en el camino la sensación de unión en el dolor.

Por eso estas palabras son tan importantes para nosotros, porque queremos que sean todo aquello que no podemos expresar con nuestra presencia. Tenemos la urgencia del recuerdo porque con él aliviamos nuestra pena. Y con el recuerdo surgen palabras y sentimientos. Y la palabra es SEÑOR, eras un señor y lo fuiste especialmente para nosotros. Un señor con mucho cariño y con mucho respeto hacia los que compartimos contigo el gran oficio de la enseñanza. Ayudaste a compañeros y compañeras con tu presencia, con tu ánimo y con tu carácter profundamente humano.

Entre los recuerdos aparecen con mucha nitidez algunos que permanecen en nuestras retinas: tus alegrías y pesares por tu Madrid del alma, tu magnífico trato con los alumnos a los que siempre consideraste como personas mayores (recuerda aquellas partidas de cartas en el tren camino de Madrid para ver el Museo del Prado) el sonido en clase o en la sala de profesores de tu canción “María de las Mercedes…”, tu emoción al contemplar obras de arte, la luz en tus ojos hablando de tu familia. Recordamos, en fin, tu gran capacidad de trabajo y tu mayor capacidad para disfrutar de la vida con todos los sentidos.

Te imaginamos con tu media sonrisa irónica, observándonos desde arriba, todos los días. Viendo cómo vamos a clase cargados con el ordenador, conectados a pantallas y proyectores, preocupados por leyes, programaciones y tutorías. Tú, que sabías enseñar como nadie sin grandes medios; que sabías que la cercanía y la ilusión valen más que los elementos técnicos. Tú que nos hiciste amar el arte y la historia y que cuidaste nuestro espíritu desde la emoción.

Echamos de menos tus ideas de hombre sensato pegado a la tierra, a tu hermosa tierra de Lupión. Recordamos tu humor, tu generosidad, tu siempre saber estar de caballero español, tu persona y tu vida. Estamos seguros de que allá arriba ya habrás organizado algunas clases divinas y que pronto habrá allí expertos en el David de Miguel Ángel o en el reinado de Isabel II Por eso, desde aquí queremos decirte: ¡Gracias, Maestro! Hasta siempre desde el alma, no nos olvides porque nosotros no podemos olvidarte.